“Sigue tu camino”: Chiara nos explica su experiencia Erasmus

“Sigue tu camino”: Chiara nos explica su experiencia Erasmus

Hacer un Erasmus teniendo diversidad funcional es un auténtico reto. Viajar lejos de tu casa, de tu ciudad, de tu familia, de tus amigos y, en definitiva, de tu zona de confort, para ir a otra ciudad por un tiempo, nos pone a prueba y hace sacar lo mejor de nosotros mismos.

Es una experiencia mágica. Esa es la ganancia que tiene atravesar esa incertidumbre. Crecer como persona, experimentar la libertad, descubrir nuevas realidades… Es la liberación del deseo, es el deseo de la libertad.

Hoy tenemos el precioso relato que nos regala Chiara y que sirve de auténtica inspiración para todos aquellos que, ya sea hoy o mañana, deseamos seguir nuestro camino.

Deseamos que les guste.

Con la silla ultramar: un Erasmus especial.

Una carretera. De las que en el imaginario colectivo son las carreteras americanas, o de Australia, o incluso del Este de Europa. Carreteras, entonces, donde los lugares de alrededor son tendientes al infinito y en el horizonte no hay nada. Por supuesto, las posibilidades de encontrar alguien en el camino son casi nulas, y por eso hay una sola cosa que hacer: continuar, seguir por la vía elegida sin caer en la tentación de tirar la toalla, aún más porque eso nunca aporta algo bueno. Podría ser la metáfora de mi vida. Quizás de cualquiera vida. Somos arrojados, traídos a una carretera – que está puesta en la nada y que, buscando su final, los perfiles sean desdibujados – y de ahí no podemos hacer otra cosa que viajar al máximo.

Lo bueno es que muchas veces es mentira que el camino nos dirija a ningún lugar, no es verdad que en aquel paisaje no hay nada más que asfalto. Al revés, a menudo nos lleva una sorpresa el hecho de que la carretera – nuestra vida – nos conduzca, nos guste o no, a lugares maravillosos, que no conocimos. Que en la vía encontramos a personajes, vemos situaciones, escuchamos charlas, vivimos momentos que nunca olvidaremos. Y todo es incluso más hermoso porque en el “hoy” no podemos saber lo que pasará en uno de nuestros “después”: podemos suponerlo, aspirarlo, desearlo, pero nunca lo podemos conocer. Así que, si algunos años antes me hubieran dicho: «Mira, en el 2016 te irás de Erasmus a España, seis meses en una Universidad lejana de casa, junto a una amiga que conociste como tres años antes», habría mirado a mi interlocutor con ojos perplejos, con la expresión que mejor me sale en mi silla de ruedas, y después, con una sonrisa, habría seguido mi camino. Eso porque siempre soy realista en cuanto a las posibilidades que tengo por mi discapacidad, soñadora en lo que hoy puedo sólo imaginar: pero siempre he logrado conjugar los verbos en futuro. Pienso que es por todo eso que hoy, en 2016, estoy de Erasmus en España, sigo atendiendo asignaturas de derecho español, vivo en un piso compartido con otros estudiantes extranjeros, y todo eso lo hago con Sofía, una compañera de universidad que conocí al final del primer año de mi carrera.

La consciencia de que aquella es la carretera, que por ella tenemos que ir, que no podemos mudar nuestro camino, hace que inventemos formas y pensemos estrategias para lograr lo que nos parece demasiado difícil. Me pasó muchas veces en mi “historia” como joven estudiante con una discapacidad que no me deja mucha autonomía. Ante todo, a menudo he debido volver a definir: me he re-definido a mí misma y por eso he hecho posible un montón de cosas. Mi autonomía no es hacerlo por mi cuenta. Soy independiente cuando tengo en mi entorno unos amigos que, cada uno por su parte, me ayudan en todo: vivir lejos de mi casa, ponerme la ropa, bañarme, comer, usar el ascensor y coger el autobús, abrir un paraguas y quitarme la chaqueta. Soy autónoma cuando pido sin problemas a alguien cogerme las llaves del suelo o el dinero de mi bolsa en el cajero del supermercado. Mi autonomía es cuando sueño con los demás y eso permite que mis sueños sean aún más significativos.

Con estas redefiniciones de los conceptos esenciales en mi vida llegué a un punto en el cual no necesito premeditar el siguiente paso, sino que es el camino que se desarrolla en sí mismo. Para mí fue natural empezar la universidad, dada mi pasión por el estudio y debido a mi familia, en la que una oportunidad es sinónimo de tener responsabilidades. Y también fue en relación a esta experiencia de estudio en el extranjero: como muchos de mis compañeros de carrera se iban y volvían, quería hacer lo mismo. Así que empecé a decírselo a mis amigos con los que compartía la idea y un día, hablando con Sofia, descubrimos que nos gustaban las mismas ciudades. Así que empezamos a soñar una salida juntas, en principio como si fuera una broma, con un «¿Por qué no?» al final de una frase. Después fuimos a las oficinas de nuestra Universidad y encontramos a muchas personas que inmediatamente se unieron a nuestro proyecto, y en las cartas anexas a la pregunta de la beca lo que escribíamos era que para nosotras lo importante era salir juntas, aun en una ciudad diferente de las que más nos gustase. Por eso no fue difícil afrontar la falta de información sobre experiencias similares, de otros estudiantes con una discapacidad parecida a la mía: no hay un manual de instrucciones para quien quiere irse de Erasmus y está en silla de ruedas, tienes que inventar los pasos poco a poco, en relación a tus necesidades.

Fue una sorpresa cuando nos dijeron que la comisión que tenía que elegir los estudiantes idóneos a irse de Erasmus, por primera vez, había tenido en cuenta nuestra pregunta y nos había destinado a la misma universidad española.

Hoy en día estamos aquí, luchando con las típicas tareas que las personas lejanas de su casa tienen que hacer de alguna manera: buscar un piso, encontrar a nuevos amigos, la tarjeta del banco que parece no funciona, y las horas pasadas en Skype con las compañeras de casa de Italia. Pero todo es natural y justo, como tendría que ser.

No sé cuál será mi “después”, no sé a dónde la carretera me llevará, pero sé que este “hoy” es aquí y es perfecto: es un “hoy” compartido con otras personas y por eso es aún más mágico, y no quería un “hoy” diferente.

Pd. y si tu carretera parece demasiado difícil para recorrerla, mi consejo es intentarlo con Blablacar: todos querrán ayudarte y hacer que la silla quepa en el coche – por lo menos aquí en España pasa así – y por un trozo de ruta creerás ser una verdadera princesa.

Por Chiara Lucchini

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